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En el verano del 2003 la Generalitat de Catalunya anunciaba la
concesión a Emissions Digitals de Catalunya SA (EDC) de un
canal múltiplex privado de televisión. Entre las condiciones
que la Generalitat consideró claves a la hora de resolver el
concurso público había la emisión del 100% de la programación
propia en lengua catalana, la existencia de espacios
informativos y de actualidad relacionados con Catalunya, de
programas que estimularan la participación ciudadana en la
vida política y la formación de una opinión equilibrada de los
ciudadanos, de una programación que fomente la cultura
catalana, hacer especial incidencia en programas de interés
social y programas educativos, invertir un elevado importe en
la producción propia de programación y dinamizar el sector de
la producción audiovisual en Catalunya así como generar un
número significativo de puestos de trabajo.
Resulta que, tres años después, EDC, empresa controlada en
un 62,5% por el Grupo Godó, con la concesión ya en el
bolsillo lo incumple y lo ignora. A pesar de haber empezado
a emitir más tarde de lo que se habían comprometido y
haberlo hecho sólo con uno de los cuatro canales
adjudicados, la mayoría de programas, películas y series de
Td8, el sustituto de City TV y el único canal en marcha, son
íntegramente en castellano, cosa que supone una clara
discriminación de la lengua propia de los catalanes. Más si
se tiene en cuenta que el Servei Català de Doblatge
ofrece films y series traducidos al catalán a coste cero.
Además, en los pocos programas que utiliza nuestra lengua lo
hace ridiculizándola. Y, por último, programas como el
de Alfons Arús no contribuyen demasiado a la "especial
incidencia de programas de interés social y programas
educativos" a que se habían comprometido. Claro que, si nos
ponemos a mirar el porcentaje de producción propia, que es
el que al fin y al cabo se debía hacer en catalán, este es
mínimo. Muchas cosas, como el mismo programa de Arús,
provienen de productoras. Sea como sea, alguien los ha de
encargar y ser responsable. Además de estos incumplimientos,
no sólo no se han fomentado los espacios informativos, sino
que estos (todavía como City TV) se redujeron a cinco
minutos.
En resumen, la línea adoptada por Td8 está demostrando ser
una auténtica vergüenza y, peor todavía, un pasotismo
insultante ante las resoluciones públicas y los compromisos
adoptados. Sin embargo, No es menos vergonzoso el silencio
social y político alrededor de este tema. ¿Quizás es que hay
miedo a posibles represalias del señor Godó durante la campaña
electoral? Por todo ello ya han surgido, desde hace un tiempo,
iniciativas que exigen explicaciones, tanto a la empresa como
al CAC y advierten de recurrir a instancias superiores en caso
de no ser atendidas las demandas.